sábado, 7 de agosto de 2010

Dragon Fighter; literatura inspirada en videojuegos


De niño jugué un título de Nes llamado Dragon Fighter en el cual, a lo largo de 6 niveles, uno debía guiar a un guerrero dragón (muy parecido a Shyriu de Saint Seiya, jaja) a lo largo de una típica/épica travesía videojuegüil.



Mientras miraba este video, me llené de sentimientos que quise transcribir en palabras.
Fue así como el video -reinterpretado con absoluta libertad- dio lugar al verbo;




Innumerables batallas, un sin fin de confrontaciones a muerte tiñeron de rojo los oscuros peldaños del camino del guerrero. A cada paso, su cuerpo perdía algo de humanidad, mientras su espíritu ganaba la envergadura del mito....

Era él, quien lo sacrificó todo para llegar hasta la inhumana cumbre del mundo.

El héroe corrió con todas sus fuerzas hacia el acantilado, y al saltar.... su carne se desmoronó, dando lugar a una bestia de fantasía.
El hombre se había transformado en dragón.

Dejando atrás la consciencia de su antiguo ser, precipitándose hacia la nada, un instante le tomó ser consciente de su cuerpo, reconocer la prominente envergadura de sus alas y hundirse de lleno en un majestuoso vuelo hacia las estrellas.

El crepúsculo del horizonte pronto se teñiría de negro. No era el devenir de la noche, sino millones de enemigos, nacidos en fábricas de tecnología incierta, los cuales intentaron obstaculizar su propósito. Sin embargo, eran capaces de ser poco menos que un ínfimo freno para su propósito debido a que él, había dejado atrás todo vestigio de vulnerable humanidad.

De su airada garganta torrentes de ensangrentado fuego fluyeron masacrando todo lo habido y por haber ante él, pero el enemigo no se amedrentó, y pronto desgarradores impactos fueron perforando su carne, tornándola de terribles formas, pero siempre que se espejara el impacto, él resurgía, cual ave fénix, fortalecido, evolucionado; siempre veloz en su vuelo. Estelas de sangre fluían cual cometa carmesí a su vuelo; eran la antigua carne y sangre que renacer tras renacer eran desmembrados por su propio fluir a trabés del viento.

Alcanzando una celeridad más allá de lo que los límites de la carne permitiesen, el dragón se hizo capaz de visualizar cómo una vibrante figura sin imagen parecía escapar a su vuelo. Su mirada se centró, y entonces inició el acecho, aproximándose en velocidad centímetro a centímetro mientras ambas fuerzas se manifestaran en un vuelo prolongado por miles de kilómetros. Fue así que llegó y lo alcanzó, hundiendo sus colmillos en aquella tenue sustancia, la cual reflejó su agonía en un estruendoso estallido, y así el dragón se devoró a la velocidad del sonido.

Las partículas que se difuminaran a su al rededor empezaron a dispersarse y opacarse.

El mundo se hacía cada vez más oscuro, como si estuviese conduciéndose a trabés de un oscuro túnel guiado sólo por una luz.

Finalmente, al llegar a la luz, ya no pudo ver nada más en el mundo; Ya no había mundo. Para él todo se tornó en oscuridad, porque él era la única luz.

Incapaz de oír, ver o sentir.... todo había sido apagado, o él mismo se había apagado de la existencia mortal.

Su cuerpo se había esparcido y desintegrado hace mucho, pero aun así era incapaz de detenerse, hasta que finalmente, lo único que quedara de él fuera su fuerza de voluntad, la cual, con su pasión, le haya otorgado un lugar en los mitos convirtiéndolo el verbo y héroe de leyendas hasta el fin de los tiempos....

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